La Gran Historia de Nacho, el héroe, y el Dragón

Érase una vez, junto a una cueva en la montaña encontramos descansando al Caballero Nacho, él era uno de esos caballeros de armadura, espada y, por supuesto, caballo que se dedicaba a correr grandes aventuras, enfrentar increíbles peligros y salvar a todo aquél que necesitara ser salvado. Pero eso había sido en otro tiempo, ahora Nacho ya no hacía todas esas cosas, se había hecho mayor y tenía una larga larguísima barba blanca y se había retirado a vivir en aquella cueva donde pasaba el tiempo contando sus aventuras a los viajeros y visitantes, su amigo Roberto, un niñito del pueblo que venía de vez en cuando a traerle recados era uno de sus más grandes admiradores, la historia que más le gustaba escuchar era aquella de cuando venció al Dragón en la Montaña de Fuego encadenándole con una bola tan pesada que no le dejaría volar nunca más.
Hasta que un día Roberto llegó corriendo hasta la cueva con una noticia, algo que le alegraba y le asustaba por igual, había escuchado en el pueblo que el Dragón había vuelto, que iba a pie arrastrando la bola a la que había sido encadenada y que buscaba venganza.
El Caballero Nacho no se sentía tan fuerte como antes, ni tan rápido, pero los ánimos de Roberto le daban fuerza y vitalidad y, al fin y al cabo, el Dragón tampoco estaría tan fuerte y rápido como antes y se decía por ahí que no podía ya ni escupir fuego. Así que la batalla seguiría siendo de igual a igual.
El Caballero Nacho realmente se sentía viejo y cansado como para subir a la montaña, hasta para eso iba a necesitar ayuda. Roberto le sugiere que podría amaestrar una nube y así le sería más fácil moverse y buscar al Dragón. Así que Nacho se fue a buscar a su vieja amiga la Bruja Lombarda que vivía en el bosque desde hacía siglos y conocía los secretos de la tierra y el cielo y tantas veces le había ayudado en aventuras pasadas.
Al llegar, la Bruja Lomabarda le pidió a Nacho que le trajese para el conjuro de la nube unas flores, algunos bichos y unas luces. El Caballero salió raudo al bosque y consiguió una flor en la que vivía una luciérnaga y lo metió todo en una cajita, así tenía flores, bichos y luces todo en uno. Al regresar, la Bruja Lombarda ya tenía todo preparado a la espera de los tres ingredientes para atraer una nube que pudiera llevar a Nacho de viaje por el cielo y, antes de marchar, le entrega una poción diciendo: -Nacho, ya no eres tan joven como antes, esto te ayudará.
El pobre Caballero Nacho aprendía como podía a manejar una nube sobre la que jamás antes había montado, y eso no era como montar a caballo o montar en bicicleta, no. Mientras volaba por el cielo se resbaló varias veces de la nube, después se chocó contra un pato y estuvo a punto de caer una vez más. Cuando por fin consiguió mantener el equilibrio pudo seguir su camino pero, al acercarse y ver al Dragón, recordó toda la batalla de aquella aventura, lo difícil que había sido encadenarle y se asustó tanto que decidió bajar a tierra un momento y respirar.
Una vez recuperado el valor continuó a pie ya que el Dragón debía estar por allí, entre los árboles, cuando por fin lo encontró estaba dormido profundamente y como todo el mundo sabe los dragones no son fáciles de despertar, salvo si notan fuego a su alrededor. El pobre Nacho ya no era el de antes y se le olvidaban cosas de vez en cuando, así que sin darse cuenta, viendo que anochecía y empezaba a refrescar, empezó a encender un fuego con el que calentarse y algunas velas para iluminar el claro. Y, claro, en cuanto el Dragón sintió el fuego se despertó de un salto (como pudo debido a su edad) y rugiendo enfurecido. Nacho salió corriendo despavorido y tropezó con sus barbas cayendo ladera abajo, y cayó rodando y rodando y rodando hasta que cayó al río y allí, aturdido, miró hacia donde estaba el Dragón preguntándose cómo iba a hacer para derrotarlo. Entonces se dio cuenta, la poción de la Bruja Lombarda, la sacó de su bolso y al mirarla se dio cuenta que era una poción paralizante que conseguiría que el Dragón se quedara paralizado el tiempo suficiente para llevarle muy muy lejos de allí, el reino estaba salvado.
En ese momento escuchó un campanilleo a su alrededor y una débil vocecilla que pedía ayuda desde lo alto de un árbol, al acercarse más pudo ver que el Hada de las Flores estaba atrapada entre las ramas y no podía soltarse, pero el Caballero Nacho no alcanza hasta la rama en la que está atrapada para bajarla, así que intenta bajarla soplando, al fin y al cabo ¿cuánto pesa un hada? Pues ni por esas, corre por el bosque buscando hadas y duendes que le ayuden y entre todos consiguen mover al Viento para hacer que el Hada de las Flores se libere y por fin del árbol. Pero Nacho no pensaba dejarla caer al suelo ya que estaba algo aturdida y se lanzó atrapándola al vuelo pero al caer, se rompió la botellita de la poción que le había dado Lombarda, la Bruja. No había solución, no pudo rescatar ni una sola gota, ahora sí que no sabía qué hacer, el reino estaba perdido.
Mientras recogía los restos de la botellita, los duendes y hadas del bosque celebraban la recuperación del Hada de las Flores cantando y bailando y haciéndose cosquillas unos a otros para divertirse (esas son las tres cosas que más les gusta hacer a las hadas y duendes del bosque: cantar, bailar y hacer cosquillas, está escrito en todos los libros de hadas) y entonces Nacho tuvo una última idea que podría funcionar, que ¡tenía que funcionar!… Todos ellos sabían cantar y podrían cantar la canción de la noche para hacer dormir al Dragón, con el sueño tan profundo que tenían los dragones quizá sería suficiente para alejarle del reino.
Subió la ladera de la montaña con todas aquellas hadas y duendes a su alrededor y según se acercaban y empezaba a escucharse la canción: -Duérmete… duérmete… duérmete dragonciiitoooo…- Y pudieron ver al acercarse cómo el Dragón se iba poco a poco relajando, y tumbándose y empezaba a quedarse dormido. Estaba Nacho tan contento con su idea que él mismo se puso a cantar pero su voz no era la de antes y al cantar con los duendes y hadas su voz sonaba tan desafinado que el Dragón volvió a despertar y de un brinco se plantó delante de Nacho, acercándose lentamente, enfurecido, dispuesto a vengarse por todos aquellos años encadenado y le asestó un zarpazo envenado, algo que había estado preparando todo este tiempo, un veneno que le dejaría petrificado para siempre. El Dragón había vencido. Las hadas y duendes se miraron entre sí, el Caballero Nacho había ayudado al reino en muchas ocasiones y no podían dejarle así, se lanzaron sobre el Dragón haciéndole cosquillas porque las cosquillas de los duendes y hadas pueden ser muy divertidas pero si se lanzan todos encima a la vez a cosquillearte te aseguro que puedes pasar un mal rato. El Dragón pidió que parasen, que se marcharía de allí si le daban la llave de la bola a la que estaba encadenado para liberarse de una vez y no volvería jamás. Y así lo hizo, se marchó libre dejando atrás la bola y al Caballero Nacho tendido en el suelo.
Todas las hadas y duendes se acercaron tristemente a Nacho, tendido en el suelo, petrificado, cómo podía acabar así el Héroe que tantas veces había salvado el reino en el pasado… Entonces, el Hada de las Flores tuvo una idea, cuchicheó con algunas otras hadas y duendes y se fueron veloces a traer a la Bruja Lombarda porque la mejor forma de despertar a alguien dormido largo tiempo era con un beso, un beso de alguien amado, al menos eso decían en todos los libros, así que no perdían nada por probar.
Lombarda se acercó a Nacho y le dio un suave beso esperando que eso pudiera despertarle y poco a poco, el Caballero comenzó a moverse, a abrir los ojos y al hacerlo miró a la Bruja, a su lado, y en esa mirada los dos supieron que el resto de su cuento lo pasarían juntos.

Y colorín colorado…
…este Cuento Irrepetible se ha acabado.

Teatros Luchana – 23 Diciembre 2017