Jóse Luis y Elois y el tesoro perdido de Egipto

LA AVENTURA DE JOSE LUIS & ELOIS y EL TESORO PERDIDO DE EGIPTO

 

Érase una vez entre los desiertos y las pirámides de Egipto había un arqueólogo llamado Jose Luis, era conocido en el mundo entero por ser el mejor leyendo jeroglíficos, realizando excavaciones y encontrando fósiles, a Jose Luis no se le escapaba nada, nada que estuviera a una distancia prudencial del agua porque resulta que nuestro arqueólogo le tenía un miedo atroz al agua, ¡con sólo ver una gota de agua ya se asustaba algunas veces!

 

Pero no estaba solo en sus excavaciones, en parte, su gran éxito se lo debía a su novia y compañera de aventuras Elois, juntos recorrían el mundo en busca de fósiles y reliquias. Ella era además una apasionada de las plantas, conocía bien cada hierba y sus propiedades y era capaz de aplicarlas para todo tipo de dolencias y problemas: ¿te duele la barriga? Una infusión de hierba Oliga. ¿Te has hecho una herida? Un emplasto de Curalina. Para cada problema tenía una solución y según decía: “si no lo cura una planta, un gran abrazo lo encanta”. Así era Elois.

 

Estábamos en Egipto, en las orillas del Río Nilo, lleno de agua y cocodrilos, un poco más allá se encontraba Jose Luis (de espaldas al agua para no verla) desenterrando reliquias egipcias en una excavación cuando llegó Elois con un pergamino en sus manos: -El mapa, el mapa del tesoro, ¡el Tesoro Perdido de Egipto! -Gritaba por el camino. Jose Luis le miraba atónito: -¿Qué estás diciendo? ¡Has encontrado por fin el mapa del gran tesoro! Eres la mejor, ¿me dejas verlo? -Jose Luis observaba las marcas e indicaciones del mapa tratando de comprobar si el mapa era auténtico, Elois le miraba atenta mientras él hacía muecas pasando de la admiración a la duda, incredulidad, sorpresa y por último una expresión preocupada: -Elois, tenemos que andarnos con cuidado, sobre este tesoro pesa una maldición, si cayera en las manos de algún mago los niños se convertirían primero en piedra, luego en oro y por último en bestias.

 

Mientras tanto a la sombra de una Esfinge se encontraba… ¡El Mago Patapúm! Un egipcio bastante malvado capaz de convertirse en cualquier bestia que se le ocurriese, aunque lo que más le gustaba era convertirse en Lobo porque era con lo que obtenía una mayor fuerza. El Mago estaba fascinado por las arañas y siempre llevaba una encima, además de su medallón mágico del que obtenía todos sus poderes y no sólo eso, además tenía espías por todas partes que le contaban qué estaba ocurriendo por las tierras del Nilo. En ese momento escuchó el rumor de que un tal Jose Luis el arqueólogo andaba buscando el Gran Tesoro Perdido de Egipto: -¡Diablos! -Exclamó- Llevo años queriendo echarle el guante a ese tesoro, esta es mi oportunidad. -Y envió a sus secuaces a averiguar todo lo que pudieran sobre Jose Luis mientras él pensaba en aquél tesoro, todo cargado de joyas, oro, colgantes, pulseras, chocolate y espaguettis… No tardaron mucho en volver sus informadores y al mago se le ocurrió un plan terrible: -Secuestraré a Elois y obligaré con ello a Jose Luis a conseguir el tesoro para mí… ¡Jajaja! Qué gran plan. Qué listo soy.

 

Jose Luis y Elois estaban ya preparando todo lo necesario para una expedición como aquella, él había ido a buscar todos los elementos para la búsqueda del tesoro y ella había salido a buscar unas hierbas y plantas para poder tener reservas en caso de tener algún problema. Habían quedado a las tres de la tarde detrás de la tienda de telas.

Mientras Elois recogía plantas inocentemente en las afueras del pueblo, el malvado mago acechaba y haciéndose pasar por Jose Luis se lanzaba sobre ella para llevársela engañada y confundida, prisionera en una mazmorra de la guarida de Patapúm. -Jamás saldrás de ahí -decía el mago- mientras Jose Luis no consiga el tesoro para mí.

 

Jose Luis llegó a las tres al lugar indicado pero no había ni rastro de Elois, se extrañó porque ella era siempre muy puntual, así que empezó a buscarla por todas partes y no tardó mucho en encontrar una nota del mago que decía: “Tengo secuestrada a tu querida Elois, si quieres volver a verla sana y salva tendrás que conseguirme el Gran Tesoro Perdido de Egipto y traerlo tras la Esfinge mañana al atardecer”. -¡Dios mío! -exclamó Jose Luis- tengo que conseguir ese tesoro pase lo que pase.- Sacó rápidamente el mapa del bolsillo y empezó a descifrar cada señal e indicación, se quedó pálido al descubrir que el tesoro se encontraba en la pirámide sumergida bajo las aguas del Nilo. ¡Cómo iba a llegar hasta allí si tenía tanto miedo al agua! Porque los cocodrilos del Nilo, bueno, comparado con el agua, no le daban ni pizca de miedo.

 

Recorrió el pueblo en busca de los más sabios y ancianos que le fueron dando consejos para vencer su miedo. “Si quieres vencer tus miedos debes encontrar valor” decían unos, “el valor está en tí, sólo debes encontrarlo” decían otros, “si quieres encontrar tu valor, piensa en cosas felices” sentenciaban algunos. -Cosas felices -repetía Jose Luis- lo que más feliz me hace del mundo es Elois, entonces si pienso en ella con todas mis fuerzas, encontraré el valor necesario para saltar al Nilo y bucear en busca del tesoro. Y así se plantó en la orilla del Nilo, dispuesto a saltar al agua, pensando con todas sus fuerzas en Elois… ¡Y saltó!

 

Mientras tanto, en la mazmorra del mago Patapúm, Elois trataba de escapar por sus propios medios, intentaba convencer al mago de que lo que le hacía falta era un poco de amor en su vida, que tenía que dejarle salir y que, si quería, podrían incluso compartir el tesoro. Pero el mago no estaba dispuesto: -Para qué quiero una parte del tesoro si puedo tenerlo todo para mi! Para mi y mis arañas, me encantan las arañas… ayyy, mis arañas.

Pero mago -decía Elois- estoy segura de que lo que necesitas es un abrazo.

-¿Qué estás diciendo?

-Sí, con un poco de cariño se te quitaría esa cara de enfado que tienes siempre…

-Pues, la verdad es que no me vendría mal un poco de… ¡NO! nononono, tú estás intentando engañarme para escapar. ¡Calla de una vez! -Y de un sólo movimiento lanzó un conjuro que tapó la boca de Elois para que no pudiera hablar.

El mago, ahora más sombrío y cabizbajo por las palabras de Elois, acariciaba una araña mientras pensaba en su tesoro…

 

En las aguas del Nilo, se encontraba ya buceando Jose Luis, que buscaba afanosamente el tesoro según las indicaciones del mapa. Y como era el mejor leyendo mapas y encontrando cosas, rápidamente dió con el Gran Tesoro Perdido de Egipto y lo arrastraba hacia la superficie cuando se encontró con un cocodrilo que le impedía el paso: -¿Dónde vas con ese tesoro? -le dijo el cocodrilo- ¿Tienes permiso para llevarte cosas del Nilo?- Jose Luis estaba atónito, no había visto nunca un cocodrilo que le hablase, no sabía si aquello eran imaginaciones suyas pero peores cosas había visto en otras aventuras, así que no se lo pensó dos veces y, muy convencido, le dijo que sí, que tenía todos los permisos y que se lo podía preguntar al gran cocodrilo blanco si no le creía. Mientras el cocodrilo se iba a comprobarlo, Jose Luis aprovechaba para salir del Nilo con el tesoro. En ese momento era un mar de dudas, quería salvar a Elois pero algo tenía que hacer para que el mago no tocase el tesoro o todos los niños y niñas se convertirían primero en piedra, luego en oro y por último en bestias…

 

Se le ocurrió de repente que en la nota que había dejado el mago había arañas dibujadas y preguntó por ahí confirmando que las arañas eran la gran pasión de Patapúm, así que tuvo una gran idea: le pidió a todos los niños y niñas del pueblo que fueran con él y se disfrazaran de arañas para entrar en la cueva y, una vez allí, rodearan al mago para inmovilizarle y que así no pudiera tocar el tesoro. Todos se lanzaron en su ayuda, al fin y al cabo ninguno quería acabar convertido en bestia.

 

Así se plantaron Jose Luis y su séquito con el tesoro detrás de la Esfinge al atardecer y llamaron al mago. Al salir Jose Luis le dijo: -No sólo te he traído el tesoro sino que, además, te he traído un montón de arañas para tí.- El mago estaba fascinado por el tesoro y las arañas y no se dió cuenta del engaño y así los niños y niñas pudieron atraparle y sujetarle entre todos. Jose Luis le arrebató el medallón de su cuello y le dijo entonces que si quería que le liberasen debía el liberar también a Elois, ella salió corriendo y los dos se abrazaron, estaban todos tan contentos que el mago aprovechó ese momento de despiste para lanzarse sobre el tesoro y los dos arqueólogos se dieron cuenta porque, a su alrededor, los niños se convirtieron de golpe en piedra, luego en oro y al momento en bestias.

 

Tenían que resolver aquello de una vez por todas y Jose Luis intentó con el medallón deshacer la maldición pero no sabía cómo utilizarlo, sólo había una persona con el suficiente poder para conseguirlo y esa era Elois, sus habilidades con las plantas no eran por casualidad, ella venía de una larga tradición mágica, tomó el medallón en sus manos y lo apretó con todo su corazón y poco a poco los niños y niñas se fueron convirtiendo de nuevo en lo que eran y volvieron felices a sus casas.

 

El mago se había quedado allí, junto al tesoro, mirando todo aquello, asustado por los poderes de Elois que se acercó a él y como siempre decía: “si no lo cura una planta, un gran abrazo lo encanta”. Le dió un gran abrazo al mago y éste se da cuenta que en realidad el mayor tesoro es la amistad. Y desde entonces los tres son amigos y siempre que van a Egipto a hacer una excavación van a visitar al mago Patapúm que ahora se dedica a recoger y criar arañas y otros animales que se pierden por aquellas tierras misteriosas junto al Nilo.

 

Y colorín colorado…

…este Cuento Irrepetible se ha acabado.

3 Febrero 2018