Improvisar: cuando liberas el instinto

Creo que las mejores decisiones se toman cuando se sigue el instinto. Así ha sido en mi caso, cuando decidí dejar mi carrera de ingeniero y dedicarme por completo a las artes escénicas y, en concreto, en la improvisación teatral. He recibido muchas críticas y he conseguido grandes logros personales, me ha satisfecho mucho haber seguido este camino que, por supuesto, era arriesgado y entrañaba un gran misterio, pero esta decisión no podría haberla tomado siguiendo solamente a mi intelecto. Hacía falta algo más, hacía falta coraje y hacía falta confiar en el instinto, en esa pulsión que te dice desde dentro qué debes hacer, desde el corazón.

Y esta confianza, este valor, esta capacidad de decidir en el instante, de respirar, de adaptarse… Todo esto está en todos nosotros. Pero no nos enseñan a seguirlo, a confiar en nosotros mismos, en nuestro instinto, a escuchar nuestro entorno, los impulsos a nuestro alrededor, para tomar una decisión, no a la ligera, sino basada en el profundo conocimiento de uno mismo, en que nuestra experiencia nos ha entrenado en escuchar el mundo que nos rodea y lo que está pasando dentro y fuera de nosotros para tomar decisiones basadas en todo eso.
Muchas veces se menosprecia la improvisación alegando que sólo se basa en lo que ocurre en el momento y, nada más lejos: la técnica de la improvisación requiere que uno esté muy preparado, mucho más preparado que cualquiera, pues debes estar preparado no para una situación determinada sino para todas las posibles situaciones que puedan ocurrir, las que puedes prever y las que no.

Así, para improvisar debo aprender a escuchar primero mi cuerpo, cómo estoy, entender mis emociones y poder adelantar las posibles reacciones explosivas o inesperadas que pueden llevarme a una situación desastrosa; si estoy eufórico o deprimido mis reacciones serán completamente diferentes, si no presto atención a mi estado de ánimo pensaré erróneamente que parto de una neutralidad y estaré equivocando el punto de partida. También debo escuchar mi entorno, saber qué posibilidades hay, qué puede estar cambiando en el otro y escuchar las sutiles pistas en las personas que me rodean. Por último, una escucha más global, saber de mi pasado y mi historia, reconocer los patrones y adelantarme a decisiones prefijadas o costumbres.

Todas estas habilidades me permiten Improvisar libremente. Lo escribo con mayúsculas porque, en este caso, cuando estoy realmente preparado y entrenado, cuando puedo ser capaz de escuchar, cuando he trabajado para poder accionar y reaccionar adecuadamente, entonces puedo ser libre, puedo escuchar a mi instinto, puedo lanzarme a la piscina, puedo Improvisar.

Solo vivimos una vez y estas decisiones, las más difíciles, se las dejo a mi instinto.

Fer Molina