Los beneficios de aprender a través del juego

El otro día en mi oficina, en un curso sobre Scrum, se nos planteó usar la metodología a través de un juego. Durante la siguientes dos horas, tendríamos que construir una ciudad de Lego siendo “agile”. No solo fueron dos horas la mar de entretenidas, sino que aplicamos todo lo aprendido en las sesiones anteriores; nos quedaron claros los procesos y artefactos; y, en especial, detectamos lagunas en nuestro aprendizaje que resolvimos durante su puesta en práctica.

El modelo 70:20:10, planteado por Michael Lombardo y Robert Eichinger en 1996, expone que los conocimientos se fijan con un 70% del tiempo de aprendizaje dedicado a “hacer” (el otro 20% a “explicar”, y el 10% restante a “aprender” de la manera tradicional reglada). Idealmente, dicho “hacer” debe componerse de proyectos o actividades que nos reten, que nos pongan a prueba y nos hagan descubrir cómo funcionan las cosas, o que nos hagan explorar nuevos lugares.

Así, el juego puede ser una simulación del mundo real, ese lugar donde hacer y poner a prueba lo aprendido, pero sin los peligros del mismo, y con un reto posible de superar. En dicha simulación no puede darse un error fatal y, por tanto, con el miedo al fracaso limitado, ¿no crees que es todo más fácil?

Cuando ponemos en marcha un curso de improvisación aplicada, en el que los participantes son trabajadores de una empresa, todos los ejercicios teatrales se plantean a través del juego. Esto nos ayuda a descubrir las dinámicas que tiene el equipo, y a desentrañar los mecanismos automáticos que llevamos cada uno de nosotros. Al aplicar los principios básicos de la impro en el juego (escucha, colaboración, etc.) quedan interiorizados para usarlos posteriormente en el día a día.

A través del juego teatral también se puede hacer ejercicios de role playing que nos ayuden a ponernos en la piel del otro, mejorando nuestra capacidad de empatía y cooperación.

En conclusión, una de las mejores maneras de aprender es haciendo, y jugar es una manera de hacer.