El improvisador ante el reto artístico del confinamiento

Fer Molina

Fer Molina

Al comenzar el confinamiento se suspendieron todas las funciones y clases por precaución, sin poder ir a los teatros, juntarnos con los alumnos ni convocar a la compañía para ensayar, nos lanzamos a las redes con la necesidad de mantener activo el motor creativo con una doble intención: por un lado entretener al público, mantenerlos conectados, y por otro para seguir creando, seguir activos. Organizamos clases online, para vernos y mantener el contacto, haciendo algunos juegos. Creamos contenidos en directo todas las noches, aprovechando para vernos entre nosotros, ver a nuestro público, y explorar el medio. De fondo, lo que hacíamos era tratar de mantener la normalidad, sostenernos durante esos primeros quince días que iba a durar el estado de alarma, para volver como si no hubiera pasado nada.

Después de dos semanas, supimos que esto duraría mucho más tiempo y se produjo un cambio: el espectador estaba cansado de los directos y los creadores dejaban ya de publicar en masa. Todos empezábamos a estar preocupados. Esta situación excepcional iba para largo y había que hacer nuevos planes.

Así que quisimos darle forma a lo que estábamos haciendo. Primero a las clases, compartiendo con otros profesionales técnicas y experiencias para adaptarnos al medio audiovisual: no teníamos contacto directo pero podíamos explorar otras formas de comunicación. Así la Escuela se adaptaba también y las clases empezaban a ser más efectivas, con creaciones e improvisaciones que aprovechaban también la cámara, los planos y los efectos de sonido y visuales. La Compañía también se puso manos a la obra, trabajamos sobre los planos, la mirada, la cercanía, los objetos y el vestuario que podíamos incluir en nuestras creaciones.

Pero algo faltaba, la interacción con el público era muy diferente a la del teatro: echamos en falta el feedback directo de la reacción del público, los retardos en las redes dificultaban la escucha entre los actores, la intervención del público llegaba muy tarde y el ritmo de los
espectáculos se resentía. La dificultad no estaba sólo en la forma, nosotros no podíamos desplazarnos ni juntarnos en nuestra sala, ni ir al estudio de radio. Esto no acababa de funcionar.

Teníamos que buscar soluciones: ¿cómo podemos crear contenidos en los que el público pueda participar a otro ritmo y mantener el show activo mientras tanto? La clave la encontramos en la forma: el espectador deja su intervención por chat en Instagram, Youtube o Facebook, así que podemos pedir esta participación al principio para que la gente vaya interviniendo cuando quiera y llegar a ella en cualquier momento del espectáculo (como hacemos en “Cuentos Online” y “Crónicas Pandémicas”), además podemos hacer uso de otros elementos como los títulos de espectáculos anteriores (como se hace en “Suplentes” y “Unos Títulos y a dormir”) y añadir otros elementos de comedia y reto que puedan entretener al público con un contenido diferente al que llevamos a cabo en el teatro (como hace “Sobrevive”). Por último, nuestro programa de radio “el Programa por Hacer” se convierte en audiovisual y la dificultad se convierte en virtud, los invitados tiene más disponibilidad para una videollamada y conseguimos llegar a gente maravillosa como Daniel Galindo (RNE), Juan Luis Cano (Gomaespuma), Darío Adanti (Mongolia) o Virginia Riezu. Los espectáculos empiezan a tomar forma y gracias a Karlos que investiga la parte técnica, además, tienen un acabado profesional.

Lo que hacemos en redes empieza a parecerse más a una parrilla televisiva que a una representación teatral. ¡Claro! Si vamos a utilizar un medio audiovisual, convirtamos nuestros espectáculos en programas de televisión. Y así lo hemos hecho, esperamos que los disfrutéis
tanto como nosotros.

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