El cuerpo y la gestualidad en la creación teatral

Fer Molina

Fer Molina

Profesor Escuela Impro Impar

El cuerpo y la voz son el instrumento del actor o actriz. Está claro que el pianista necesita tener afinado su piano para interpretar a Chopin y que el pintor escogerá los mejores pinceles y óleos para pintar sobre el lienzo. En este artículo quiero reflexionar sobre el cuerpo y el gesto.

Los actores y actrices deben preparar su instrumento con entrenamiento, disciplina y consciencia para poder dar los mejores resultados. Cuando un cuerpo está dolorido no permite hacer ciertos movimientos, así todos los personajes interpretados parecerán sufrir la misma dolencia. De la misma forma, si el actor o actriz tiene un hábito de quitarse el pelo de la cara con la mano, de forma inconsciente sus personajes tenderán a hacer ese mismo gesto. Pero ¿no sería más enriquecedor dejar espacio al personaje para desarrollar sus propios gestos y hábitos? ¿cómo puede el actor “quitarse de en medio” para dejar sitio al personaje y aun así prestarle su cuerpo y su voz para poder vivir en escena?

Esta cuestión puede parecer demasiado enrevesada o puntillosa, sin embargo, en técnicas que observan especialmente al cuerpo como las de Lecoq o Michael Chéjov queda clara la importancia de cada gesto, de cada mínimo cambio en el cuerpo y de su efecto en la escena, el personaje y, en definitiva, en la percepción del público. Si no atendemos a esta cuestión, probablemente el público entenderá la obra, el vestuario y maquillaje transformarán al intérprete externamente, pero habrá algo que falte, algo que sólo el actor o actriz puede dar y que son esos matices sutiles que hacen que el público se maraville y comente, a la salida del teatro, lo brillante que tal o cual personaje estaba en escena. Cuando un actor o actriz se deja influir e inspirar por la obra y el personaje, cuando realmente escucha lo que el cuerpo le quiere decir, ocurre una revolución interna que se trasluce hacia el patio de butacas. Cualquier pequeño cambio físico, produce una especie de onda expansiva que transforma algo en tu interior y se sincroniza con ese nuevo cuerpo, como si se adaptase internamente el carácter a las variaciones del cuerpo. Para que esto ocurra con facilidad, el cuerpo debe estar preparado y disponible, libre de trabas, hábitos y gestos cotidianos. Y esto es crucial además en la Improvisación, donde el actor o actriz debe crear el personaje y la escena que le rodea en segundos, dejándose influir por esa inspiración que viene del cuerpo, del público y de los compañeros actores.

En la técnica Chéjov hay un ejercicio muy simple en el que se lanza una pelota de una persona a otra, repetidas veces. Una de las cosas más maravillosas de la simpleza de este ejercicio es que te permite concentrarte en la forma que adquiere tu cuerpo y los de los demás. Y así, en muy poco tiempo, empiezas a ver claramente los hábitos y gestos particulares de cada uno de los integrantes del grupo. Es sorprendente la cantidad de cosas que podemos llegar a obviar de nosotros mismos porque estamos acostumbrados a ellas. Sin embargo, la importancia del entrenamiento, de este ejercicio y de cualquier otro similar, se encuentra en la conciencia que despierta sobre el propio cuerpo. Y esa conciencia es una enorme puerta a la creatividad, a partir puedes elegir descartar tus hábitos y gestos cotidianos para dejar paso a los que el personaje pueda sugerir desde su creación y esa es verdaderamente tu mina de oro, el lugar en el que te vas a sorprender y a divertir con nuevas gestualidades, expresiones y, al final, la forma completa de tu cuerpo, que se pone al servicio de la escena, del personaje y, por supuesto, del espectador.

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